Democracia en Chile: ¿Realmente es representativa?

Por Gabriel Espejo Poblete, 2019.

La representatividad a lo largo de la historia ha mutado, tomando diversas formas. En la época ateniense existía una democracia directa, a diferencia de la actual, por lo que todos los considerados ciudadanos participaban activamente de la deliberación de ideas y la toma de decisiones para el bien de la polis. De esta forma, el desarrollo de la libertad y de la personalidad moral para los griegos era posible solo mediante la participación directa de los ciudadanos en la política o los asuntos de la polis (Vallés, 2003), sin embargo, los considerados ciudadanos eran únicamente aquellos hombres, letrados y adinerados, es decir, una élite reducida. Luego, durante la época romana, la República fue dominada por una élite oligárquica, por lo que aquellos con el poder económico podían acceder a la participación y el poder político (Casas, 2008). Bernard Manin apunta que la principal diferencia entre la democracia ateniense y el republicanismo romano es que en la última se da “la absoluta exclusión del pueblo en su calidad de colectivo de cualquier participación en el gobierno” (1998, p. 12). Siglos después, surgió el republicanismo renacentista con la idea de recuperar la participación ciudadana luego de un milenio de monarquías absolutas, bajo la concepción de que la participación es esencial para alcanzar la libertad y el desarrollo personal, tal como se consideraba en la Grecia clásica. Sin embargo, a medida que las democracias liberales, basadas en los ideales renacentistas, se instauraban, los requisitos para ser ciudadano se hicieron más amplios y se generó la democracia representativa que tenemos hoy, en la que los ciudadanos delegan su voz a representantes elegidos por votación. Sin embargo, ¿es posible afirmar que las democracias representativas, específicamente la chilena, realmente son representativas?

Para entender la representatividad y todo lo que esta engloba es necesario comprender el concepto de política, la cual es posible definir como

“un fenómeno universal en el que la persona humana desarrolla actividades y establece relaciones que hacen que la política sea un término familiar, que responde a diferenciados sentidos y ámbitos de aplicación; y, luego, que la política está ligada a la misma condición humana.” (Guzmán, 2008)

Tomando en consideración lo anterior, la política es un acto intrínseco al ser humano, pues está estrechamente ligada a cómo el hombre interactúa con sus pares dentro de una sociedad. Según Jacques Maritain (2001), para que se construya una sociedad ideal, es decir, de personas, esta debe cumplir con tres características: ser personalista, participativa y comunitaria. El segundo punto toma la naturaleza social del ser humano, y establece que el ser humano tiene el deber, por derecho natural, de participar en la política del grupo social del que participa, propendiendo siempre al bien común de este, otorgándole así su libertad. De esta forma, mediante la política un ciudadano puede regular el bien común de su sociedad, accediendo al cuerpo político, usualmente reconocido en el Estado, cuya principal función es definir el bien común y fomentarlo mediante la administración y el mantenimiento de leyes. En la actualidad, son las autoridades quienes, mediante la política, accedieron al control del Estado, principalmente por medio de la votación popular, por lo que representan la idiosincrasia de la sociedad chilena, y fomentan el bien común que ellos mismos definieron en representación de sus electores.

Como se mencionó en la revisión histórica de la introducción, desde la democracia ateniense aquellos que ostentaban el poder político poseían un gran patrimonio económico, situación que se ha mantenido a lo largo de la historia. Durante la época romana solo participaban los nobles, luego el poder pasó a señores feudales, la iglesia, reyes absolutistas y finalmente los burgueses, para llegar hasta el día de hoy, en el que Chile vive en una democracia liberal presuntamente representativa, sin embargo, los principales grupos económicos siguen ostentando el poder y obstruyen la participación ciudadana de diversas formas. Una de las más importantes es el control de los medios de comunicación, pues en Chile estos grupos controlan el 90% del total de los medios (El Desconcierto, 2016), destacando el casi duopolio en la prensa escrita entre los grupos Copesa y El Mercurio. Al controlar los medios por los que llega la información a la población, aquellos que ostentan el poder económico eligen qué información dar o no dar, cómo darla y a quiénes dársela, y en consecuencia, son capaces de moldear o desviar la opinión pública respecto a ciertos temas a su beneficio. Estas personas pertenecen al mismo grupo que las autoridades que gobiernan el país, siendo una clara falta al bien común y a la supuesta representatividad que debería tener el sistema.

Respecto a la participación ciudadana, existen dos posturas antagónicas. La primera de ellas es la liberal antiparticipativa. En palabras de Rafael de Águila (1996, pp. 31-35), los grupos conservadores han estado a favor de limitar la participación política, pues consideran que  divide profundamente a la sociedad en demandas, ambiciones y necesidades excluyentes, por lo que los altos índices de participación evidenciarían la debilidad e insatisfacción con el sistema. Por ello, postulan que es necesaria la existencia de representantes, pertenecientes a élites, que articulen los intereses y demandas, pues también serían estas élites las que tendrían el juicio político adecuado para ejercer los cargos y tomar decisiones. En consecuencia, las democracias liberales priman la libertad individual sobre la participación política, dándole prioridad al bien individual, siendo el bien común la suma de los bienes individuales. Resulta mucho más sencillo comprende. Águila plantea que Marx ya anticipaba que bajo el modelo capitalista provocaría que las autoridades se centrarían más en los derechos de propiedad privada que en la participación o libertades políticas, evidenciando una falta de representatividad con la voluntad del pueblo, que en teoría debería tener la soberanía. Chile es un claro ejemplo de una democracia de este estilo, ya que prima el bien personal por sobre el colectivo, como menciona la Constitución, “El Estado está al servicio de la persona humana y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible.” (Estado de Chile, 2019). 

La segunda postura se refiere a la democrática participativa, la cual según el mismo Águila (1996, pp. 35-39) busca desarrollar el juicio político ciudadano y la participación política, retomando la idea clásica griega planteada en un inicio de que la participación es el elemento principal para el desarrollo de la libertad personal y que convierte al ser humano en un ente digno. Se plantea como el método más legítimo para tomar decisiones que implican a toda la colectividad, permitiendo al pueblo el autogobierno y por ende la dignidad. Según esta postura la participación es un fundamento de la democracia, provocando tres efectos positivos en la ciudadanía que legitiman el planteamiento. En primer lugar, la participación crea espacios de deliberación pública que resultan vitales para la formación de individuos autónomos, segundo, la gente se hace cargo de las decisiones sobre las cuales es importante ejercer un control dirigido hacia el logro del autogobierno y la dignidad, y por último, mediante la participación es posible crear una sociedad civil con una fuerte identidad colectiva. Junto a estos beneficios, como el buen juicio ciudadano, la solidaridad, responsabilidad, etcétera, y mientras más ciudadanos participen bajo estos principios, más fuerte será la democracia en cuestión y se podrá impedir que los representantes cometan abusos contra su pueblo, pues el gobierno sería de ellos. Esta forma de democracia es la más representativa, sin embargo, la realidad chilena se aleja de esta perspectiva, por asuntos políticos, económicos y sociales. 

Para finalizar, es posible afirmar que la democracia liberal chilena de hoy no es realmente representativa, pues aquellos en el poder ostentan además el poder económico y los medios de comunicación, manipulando la opinión de las masas para perpetuarse en la cúpula política para obedecer a sus intereses y no a los del pueblo. Además, el sistema chileno obedece a una democracia liberal antiparticipativa, la cual prioriza el bien privado por sobre la participación política, esencial para la dignidad humana según los valores democráticos clásicos. En cambio, para que la democracia Chilena sea virtuosa es necesario que siga la teoría democrática participativa, legitimando las decisiones del pueblo mediante una mayor participación, otorgando además apoyo y fortaleza al sistema. En palabras de Rousseau, 

“Hubiera querido nacer en un país en el cual el soberano y el pueblo no tuviesen más que un solo y único interés, a fin de que los movimientos de la máquina se encaminaran siempre al bien común, y como esto no podría suceder sino en el caso de que el pueblo y el soberano fuesen una misma persona, dedúcese que yo habría querido nacer bajo un gobierno democrático sabiamente moderado (…) Hubiera buscado un país donde el derecho de legislar fuese común a todos los ciudadanos, porque ¿quién puede saber mejor que ellos mismos en qué condiciones les conviene vivir juntos en una misma sociedad?” (1794)

Bibliografía:

  • Casas, Ernesto. (2009). Representación política y participación ciudadana en las democracias. Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, 51(205), 59-76.
  • del Águila, R. (1996). La participación política como generadora de educación cívica y gobernabilidad. Revista Iberoamericana De Educación, 12, 31-44. Recuperado de: https://rieoei.org/RIE/article/view/1149
  • Guzmán Mendoza, Carlos Enrique. (2008). LA POLÍTICA COMO OBJETO DE REFLEXIÓN. Revista de Derecho, (30), 268-298.
  • Manin, Bernard, Los principios del gobierno representativo, Madrid, Alianza, 1998.
  • Mira S, Andrea. (2011). Crisis de representatividad y estallido social: Una aproximación a la actual experiencia chilena. Polis (Santiago), 10(30), 185-197.
  • Silva Horta, Daniel. (2016). La destitución por infracción grave a la probidad administrativa en la jurisprudencia de la Contraloría General de la República. Revista de derecho (Valdivia), 29(2), 157-173.
  • Vallés, Óscar (2003), ¿En Atenas, “la vida entera era pública”? Democracia y vida privada en la época de Pericles. Recuperado de: https://www.redalyc.org/html/1700/170033589002/ 
  • Vergara Estévez, Jorge. (2012). DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN EN JEAN-JACQUES ROUSSEAU. Revista de filosofía, 68, 29-52.

5 respuestas a “Democracia en Chile: ¿Realmente es representativa?

  1. Muy buen post, comenzaste de muy buena forma con la época ateniense y romana. Contextualizaste de manera adecuada, explicaste los conceptos que usaste y las posturas que se desprendían de estos. Me gustó que lo llevaras a la realidad chilena actual y lograste dar una respuesta bien argumentada. Pero nada es mejor que la anarquía. Saludos desde Camboya.
    -Benjamín Contreras

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  2. Es sorprendente la facilidad con la que te sueles desenvolver con temas relacionados a la política.
    Sobre tu tema, resulta ser bastante desconcertante el hecho que la desinformación y desinterés de las masas, junto al aprovechamiento y sinvergüenza que poseen los de mayor poder, han llevado a una democracia que de representativa tiene muy poco realmente. Es una culpa compartida que ojalá logremos corregir en el futuro. Buen trabajo!

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  3. Maravilloso post, tanto en estructura como en contenido. El tema es muy interesante y es increíble como, a pesar de que a lo largo de la historia se les hayan dado nombres diferentes, la política y forma de gobernar ha sido siempre la misma: unos pocos privilegiados en el poder que para nada representan las verdaderas necesidades y demandas de la ciudadanía.

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  4. Hiciste ub buen post. Logras abordar y contextualizar de buena forma un tema interesante. Pero según tú ¿Qué hay que hacer exactamente para que esto sea viable en la actualidad? Tomando en cuenta la desinformación que se ha generado en las masas a lo largo de todos estos años.

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